El camino, el fuego, el ser humano
Durante bastantes años he tenido como uno de mis vectores maestros que la bondad humana era algo que había que potenciar con la herramienta de la consciencia. Estaba equivocado, pero no del todo, en lo de la consciencia acerté.
No me extraña que numerosos sabios desde tiempo inmemorial hayan aconsejado a los gobernantes que mantuvieran a la masa en un punto de controlable de incultura y falta de curiosidad. La consciencia es poderosa, es lo más poderoso del mundo. Y por lo tanto también es lo más peligroso.
A grosso modo considero como piedra maestra que solamente es moral aquel ser humano que no hace a los demás aquello que no desea que le hagan. Obviamente esto es una opinión y por tanto matizable, pero no admito matiz con respecto a la base.
Solamente es moral aquel que desea que el cosmos sea un reflejo de sí mismo, aquel que hace aquello que le gustaría recibir, que no hace aquello que no desearía que le hicieran.
Tomemos por ejemplo el fuego; tenemos la cerilla encendida, el candil en la oscuridad, el alto horno de la fundición y la hoguera en la montaña. Tenemos el incendio de una casa, de un monte, de un cigarrillo. Tenemos las estrellas y las novas. Pero todas ellas son fuego. Y esa afirmación es Fuego.
Todas las religiones tiene su moral propia, pero esto es la base. Todo nace de aquí.
Y es una base inmoral.
Es una base inmoral porque no está sujeta a las normas que emanarán de ella. No es una norma buena ni mala, ni beneficiosa ni perjudicial. Simplemente es, pura y simple. Por eso no puede ser corrompida, pero sí utilizada. Es una herramienta poderosa. Como el fuego.
Llevar la vida propia acorde a ese axioma comprende que hay que diferenciar entre uno mismo y el otro, entre lo propio y lo ajeno, entre lo familiar y lo extraño, entre lo conocido y lo desconocido.
Y eso nos convierte en jueces, en observadores del universo. Juzgando y viviendo, así transcurren nuestros días. Pero... ¿cómo podría nadie ser juez si solamente fuese capaz de tomar en consideración los factores externos sin ponerse en el lugar de aquello que juzga? ¿Cómo podría dictar sentencia sin siquiera tratar de convertirse en el reo? ¿No debería acaso juzgarse a sí mismo para tratar de dilucidar qué sería lo más conveniente? Sin juez no hay juicio, así que el juez no puede ser dejado de lado. Es juez y parte, es juez y enjuiciado.
El mejor juez es aquel que se da cuenta de que realmente no hay distancia entre el juez y el reo, entre el observador y lo observado.
Pero esto, aunque interesante, no resuelve cuestiones diarias en una sociedad como la nuestra, donde hay leyes superiores dictadas cuya obediencia es inherente a la vida en dicha sociedad. Ciertamente hay situaciones injustas, inmorales con el modo aceptado comúnmente de ver los asuntos, pero que se presentan diariamente. ¿Cómo, pues, saber lo que es justo y lo que no, lo que es bueno y lo que no?
Consciencia.
La consciencia es la verdadera espada de la justicia. No hay nada que no pueda cortar como la mantequilla. Alguien consciente es alguien poderoso. Sí, la consciencia es como el fuego, herramienta de creación y de destrucción.
Digo esto porque de todo lo anterior se deduce que solamente hay un camino moral y consciente: el partir de uno mismo y querer crecer y mejorar; y por lo tanto hacer crecer y mejorar todo lo de alrededor. Hacer solamente lo deseado para uno y para el cosmos. Cualquier cosa fuera de este infinito abanico de posibilidades es autodestructiva.
Un asesino no puede seguir este camino porque hacerlo solamente contempla dos posibilidades: o bien dejar de asesinar o bien suicidarse. El ladrón o deja de robar o se quedará sin nada. El destructor o deja de destruir o será destruido. Tal es el camino.
Es por eso que abogo porque de los males que nos aquejan y aquejan al mundo, la inconsciencia es la principal causa, y no la maldad. La inconsciencia es oscuridad, y en la oscuridad se avanza a tientas, a veces atropellando a compañeros, a familiares o a desconocidos. La consciencia es luz, luz que permite ver las maravillas y atrocidades del universo, que nos hace conscientes del recién nacido y del moribundo, del sano y del enfermo... de la propia luz y de la propia oscuridad.
Consciencia y Moral, las herramientas de las herramientas.
Sí. Solamente hay un camino a seguir. Mi camino. Y el de todos. Y por lo tanto de nadie. Por eso es de todos.
Durante bastantes años he tenido como uno de mis vectores maestros que la bondad humana era algo que había que potenciar con la herramienta de la consciencia. Estaba equivocado, pero no del todo, en lo de la consciencia acerté.
No me extraña que numerosos sabios desde tiempo inmemorial hayan aconsejado a los gobernantes que mantuvieran a la masa en un punto de controlable de incultura y falta de curiosidad. La consciencia es poderosa, es lo más poderoso del mundo. Y por lo tanto también es lo más peligroso.
A grosso modo considero como piedra maestra que solamente es moral aquel ser humano que no hace a los demás aquello que no desea que le hagan. Obviamente esto es una opinión y por tanto matizable, pero no admito matiz con respecto a la base.
Solamente es moral aquel que desea que el cosmos sea un reflejo de sí mismo, aquel que hace aquello que le gustaría recibir, que no hace aquello que no desearía que le hicieran.
Tomemos por ejemplo el fuego; tenemos la cerilla encendida, el candil en la oscuridad, el alto horno de la fundición y la hoguera en la montaña. Tenemos el incendio de una casa, de un monte, de un cigarrillo. Tenemos las estrellas y las novas. Pero todas ellas son fuego. Y esa afirmación es Fuego.
Todas las religiones tiene su moral propia, pero esto es la base. Todo nace de aquí.
Y es una base inmoral.
Es una base inmoral porque no está sujeta a las normas que emanarán de ella. No es una norma buena ni mala, ni beneficiosa ni perjudicial. Simplemente es, pura y simple. Por eso no puede ser corrompida, pero sí utilizada. Es una herramienta poderosa. Como el fuego.
Llevar la vida propia acorde a ese axioma comprende que hay que diferenciar entre uno mismo y el otro, entre lo propio y lo ajeno, entre lo familiar y lo extraño, entre lo conocido y lo desconocido.
Y eso nos convierte en jueces, en observadores del universo. Juzgando y viviendo, así transcurren nuestros días. Pero... ¿cómo podría nadie ser juez si solamente fuese capaz de tomar en consideración los factores externos sin ponerse en el lugar de aquello que juzga? ¿Cómo podría dictar sentencia sin siquiera tratar de convertirse en el reo? ¿No debería acaso juzgarse a sí mismo para tratar de dilucidar qué sería lo más conveniente? Sin juez no hay juicio, así que el juez no puede ser dejado de lado. Es juez y parte, es juez y enjuiciado.
El mejor juez es aquel que se da cuenta de que realmente no hay distancia entre el juez y el reo, entre el observador y lo observado.
Pero esto, aunque interesante, no resuelve cuestiones diarias en una sociedad como la nuestra, donde hay leyes superiores dictadas cuya obediencia es inherente a la vida en dicha sociedad. Ciertamente hay situaciones injustas, inmorales con el modo aceptado comúnmente de ver los asuntos, pero que se presentan diariamente. ¿Cómo, pues, saber lo que es justo y lo que no, lo que es bueno y lo que no?
Consciencia.
La consciencia es la verdadera espada de la justicia. No hay nada que no pueda cortar como la mantequilla. Alguien consciente es alguien poderoso. Sí, la consciencia es como el fuego, herramienta de creación y de destrucción.
Digo esto porque de todo lo anterior se deduce que solamente hay un camino moral y consciente: el partir de uno mismo y querer crecer y mejorar; y por lo tanto hacer crecer y mejorar todo lo de alrededor. Hacer solamente lo deseado para uno y para el cosmos. Cualquier cosa fuera de este infinito abanico de posibilidades es autodestructiva.
Un asesino no puede seguir este camino porque hacerlo solamente contempla dos posibilidades: o bien dejar de asesinar o bien suicidarse. El ladrón o deja de robar o se quedará sin nada. El destructor o deja de destruir o será destruido. Tal es el camino.
Es por eso que abogo porque de los males que nos aquejan y aquejan al mundo, la inconsciencia es la principal causa, y no la maldad. La inconsciencia es oscuridad, y en la oscuridad se avanza a tientas, a veces atropellando a compañeros, a familiares o a desconocidos. La consciencia es luz, luz que permite ver las maravillas y atrocidades del universo, que nos hace conscientes del recién nacido y del moribundo, del sano y del enfermo... de la propia luz y de la propia oscuridad.
Consciencia y Moral, las herramientas de las herramientas.
Sí. Solamente hay un camino a seguir. Mi camino. Y el de todos. Y por lo tanto de nadie. Por eso es de todos.
2 comentarios:
La falta de humanidad en una sociedad "individualizada", dónde prima el YO sobre todas las cosas y dónde es fácil acostar la consciencia en la legalidad vigente dejándola dormir el sueño de la moralidad tutelada, nos está llevando a la autodestrucción.
Para mi las reglas son sencillas y básicas, y reducibles a dos constantes inamovibles:
- respeto
- empatía
Quizás los individuos son capaces de entender esos dos conceptos, pero la masa es otra cosa, y en general nos escudamos en el sentido de marcha de la misma para reprimir nuestro espiritual sentido de la justicia. ¿Quién dijo que ir a contracorriente no es legítimo?, aunque sea duro y difícil; ¿quién dijo que otro modo de vida no es posible?, aunque llevarlo a término significa salvar demasiados obstáculos personales y sociales.
Si me permites un añadido: la consciencia puede ser el mayor orgullo, pero también es la generadora de las más hondas desesperanzas, sobre todo cuando te das cuenta que tienes que luchar contra casi todo lo establecido.
Plagiando a Cervantes en El Quijote:
"Si acaso doblares la vara de la justicia, no sea por el peso de la dádiva, sino con el de la misericordia."
Eres grande amigo Ear.
Tu entrada me recuerda a cierta filosofía que, aunque antigua, como bien dejas ver, es muy moderna... el Mito de la Caverna.
Los Reflejos son la realidad que anida, y sus ideas, sólo sombras que nadie observa, ya que, observarlas, implica tomar conciencia y responsabilidad de seguir hasta encontrarlas.
Pero sin embargo, mi amigo Marinero... no es el Conocimiento y su Consciencia,una fuente de Poder, una responsabilidad que abruma al portador con su peso, si no se deja corromper y permite que su consciencia le guíe?
La Moral, cargada de consciencia, te hace sufrir, al quedarse aislada como una Isla en la inmensidad del Mar; te aleja de la cruda realidad que comentabas, donde abunda la insconciencia y los actos inconscientes... no hay lucha peor que luchar contra la oscuridad que plantea la falta de conocimiento y de consciencia... y las consecuencias, casi nunca son buenas para el que decide recorrer tan amargo camino, sembrado de continuas dificultades que asoman en sus veras.
El Fuego es una Fuerza de la Naturaleza, ajena al Bien o Mal, o a los asuntos sociales... la Consciencia, es una actitud humana, sometida a ambos vaivenes, que la pueden hacer zozobrar en sus horas más oscuras, y la soledad que ella conlleva, a menudo es un precio muy alto, para pagar en una sola vida.
Espero verte pronto Marinero...y más a menudo. Se añora la Pipa y la Cerveza en la noche, cuando las Estrellas caminan entre las Olas del Recuerdo.
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